Políticas públicas y gestión de obras intelectuales literarias: análisis en la era digital

Área: Economía y política de la comunicación
Palabras claves: Gestión Cultural Literaria, Digitalización, Políticas Públicas
Autor: Fernández, Paola
Universidad de Pertenencia: UNQ
Contacto: fernandezp28@gmail.com

Los cambios que producen las nuevas herramientas tecnológicas y la digitalización, marcan alteraciones radicales en la gestión cultural y habilitan la entrada de nuevos jugadores al mercado: los nuevos mediatizadores, en su mayoría agentes del sector tecnológico. Así, la progresiva concentración de servicios y bienes culturales, en un reducido número de grupos multimedia, exige profundizar el análisis de las tensiones y desafíos; con un enfoque interdisciplinario que integre los aspectos tecnológicos, sociales, económicos y culturales, para problematizar la extensión y centralidad del valor intelectual. Se trata de ampliar el campo de batalla a empresas que nacieron en la era digital; que en la actualidad, monopolizan la gestión y administración de obras intelectuales.
La propuesta se orienta a describir y analizar la gestión de obras intelectuales literarias a partir de escenario digital: los nuevos mediadores/mediatizadores intervinientes en el proceso y las nuevas tensiones entre los mismos; que ya no se limitan a una cuestión de acceso o conectividad; sino que deben contemplar -desde la representación de los intereses público-comunitarios- la disponibilidad equitativa e igualitaria de los bienes y obras intelectuales. Comprendido como un problema a nivel global, el objetivo principal se fundamenta en poder contribuir a trazar los lineamientos de políticas públicas, orientadas a garantizar la disponibilidad de la herencia literaria de la humanidad y la justa disposición de la riqueza intelectual.

De Gutemberg a la aldea global
(Re) pensar las políticas públicas en la era digital para la Industria Editorial

1.-Introducción:
La gestión literaria comprende desde la producción y reproducción de las expresiones humanas hasta las formas de circulación y comercialización de bienes y obras intelectuales. Posee al menos dos dimensiones de análisis: la gestión comercial (vinculada a la cadena de valor y los derechos de autor) del valor intelectual; y la gestión no comercial, es decir, el derecho comunitario a disponer de la cultura.
En su dimensión comercial, se reconoce históricamente en la Industria Editorial. Durante siglos esta industria medió entre autores y ciudadanía: articuló la producción intelectual/material al convertir un bien intelectual en una obra de autor, contenida en soportes materiales, para su distribución y comercialización. Con la irrupción de la imprenta en el siglo XV, se impuso un único soporte para tal propósito: el papel. Así se consensuó el “libro”: un conjunto de pliegos impresos, cosidos o presillados, protegidos por una cubierta material (Laguarda Martínez, 2012).
La industria editorial, además de compartir con las industrias culturales los rasgos mencionados, posee características propias. En primer lugar, produce un bien que para ser consumido, requiere como condición sine qua non la existencia de un público alfabetizado. Asimismo, si bien históricamente ha sido por antonomasia el vehículo de difusión e interacción de ideas entre diferentes espacios geográficos, en el mundo de hoy, su combinación de elementos idiomáticos e idiosincráticos le imprimen un carácter único, al tiempo que lo convierten en un producto de “transabilidad acotada”, homogeneizando los usos y costumbres, más allá de las fronteras nacionales (Zitello; Zena, 2013). Por otra parte, la cadena productiva del libro está integrada por diferentes etapas en las que intervienen y se relacionan los distintos actores, donde se distinguen tres procesos básicos: la producción intelectual, la producción material y la distribución y comercialización (Igarza, 2010)
Por otro lado, la dimensión no comercial se define a partir de las políticas públicas de democratización de la gestión cultural que, dada la escasez resultante del soporte papel, condujo a que las editoriales comerciales fueran impuestas con la carga de enviar ejemplares de cada tirada realizada a las Bibliotecas Públicas Nacionales: esta imposición pública se orientaba a garantizar el acceso a la comunidad. En relación a la trascendencia de la cultura para la construcción de una identidad social, la intervención del Estado argentino radicó en políticas públicas que priorizaron al acceso de la ciudadanía al “libro”: exención del IVA, Ley de Fomento del libro y la lectura (Nº 25446), Ley de precio único (o Ley de Defensa a la Actividad Librera, Nº 25442), imposición a la industria editorial del envío de ejemplares a Bibliotecas Públicas Nacionales (Ley 25442, Art 11), políticas que garanticen la diversidad cultural, estímulos a la creación literaria (Igarza, 2012).
En el siglo XXI, la cultura literaria se encuentra en etapa de transición y (re) significación. A los cambios en los soportes, se suman cambios en las formas de impresión, distribución, comercialización y gestión pueden favorecer la (re) distribución o (re) concentración de los bienes intelectuales. La digitalización supone el fin de los soportes materiales que contenían a las producciones culturales y consecuentemente acarrea el fin de la escasez artificial en la que se anclaba el modelo productivo de las Industrias Culturales. La escasez era “artificial”, ya que los bienes simbólicos son bienes de uso común, compartidos por toda la sociedad (Becerra, Mastrini, 2010). es decir, que los cambios en los soportes de los bienes y obras intelectuales obliga a replantear el modelo de negocio de la Industria Editorial y las políticas que garantizan el derecho humano a disponer de la cultura.

2.- Marco Teórico-conceptual
Se propone como marco teórico la integración de conceptos centrales para delinear la gestión de la cultura literaria, provenientes del enfoque conceptual que integran la Economía Política de la Comunicación (EPC) (Bustamante, 2002; Mastrini, Bolaño, 1999; Mosco, 2009). En esta línea, La EPC se ocupa del estudio de la mercantilización de bienes culturales, definidos dentro de la Industria Cultural como aquellos bienes económicos que tienen como materia prima una creación artística o literaria protegida por el derecho de autor, expresada en soportes materiales diversos. Así, la ECP se preocupa por los factores económicos, políticos, sociales y culturales que inciden en la producción mercantil de bienes culturales, caracterizados por una relación peculiar con la tecnología que la sustenta y hace posible (Zallo, 1988). Históricamente, las Industrias Culturales producen objetos que se distinguen por su singularidad y sentido de lo único al contener un alto grado de creación individual. Su producción y comercialización a escala industrial (masiva) es posible por la capacidad real de multiplicarse sin perder en el proceso, su originalidad, su capacidad de conectar lenguajes y mensajes “personales” con visiones y discursos colectivos. En el mundo editorial, es posible inferir que los ejemplares de una misma edición resultan igualmente apreciados. Más aún, en caso de existir el manuscrito original o raros ejemplares de copias antiguas, son estas las que concentran el reconocimiento mayor.
A raíz de la trascendencia de la producción cultural e intelectual, la ECP se ha preocupado por los niveles de concentración y centralización de los bienes y obras intelectuales en todas las actividades económicas que integran las Industrias Culturales: editorial, audiovisual, prensa gráfica, discográfica, entre otras (Zallo, 1988). Por ser considerados bienes simbólicos, la concentración en los niveles de producción, comercialización, distribución y ventas afectan a la democratización de la cultura y a la disponibilidad de la cultura (Becerra, Mastrini, 2010). Este enfoque permite analizar en profundidad la cadena de valor de la Industria Editorialy loscambios a partir de la automatización en los eslabones de la cadena de producción (Bustamante, 2002; De Moraes, 2010; Igarza, 2010, 2012, 2013; Miége, 2006; 2008; Zallo, 2011)

3.-Estrategia metodológica
La metodología empleada para el desarrollo del presente trabajo es el análisis descriptivo y exploratorio a fin de presentar una serie de lineamientos teóricos que permitan conceptuar los cambios en la gestión cultural literaria, desde la Industria Editorial. La estrategia propone una perspectiva que integra, desde el soporte material como eje vertebrador, los aspectos jurídicos, tecnológicos, políticos, sociales y culturales que alteran la relación entre intereses privados y público/comunitarios; lo que permite un abordaje integral del fenómeno a analizar.
En este sentido el análisis de los soportes se presenta como un eje vertebrador del análisis, sosteniendo que el cambio tecnológico no tiene como motor una lógica exclusivamente técnica sino que es producto del interjuego de los diversos grupos sociales que le atribuyen distintos significados al artefacto tecnológico.

4.- Bienes y obras intelectuales: la diferencia está en el soporte
La cultura literaria contiene creación intelectual, es decir, ideas y expresiones humanas. Así, una obra intelectual siempre es sostenida en un soporte material. Se entiende por soporte a un bien de calidad material (físico/tangible) en cuya superficie o interior se expresan bienes de calidad intelectual, que alcanzan protección jurídica por ser obras del intelecto humano. (Gillespie, 2007).
A partir de esta consideración, la gestión literaria abarca desde la producción y reproducción de las expresiones humanas hasta las formas de circulación y comercialización de bienes y obras intelectuales. Toda su extensión se encuentra atravesada por los derechos de autor y copia. Estos derechos regulan las relaciones sociales entre autores, bienes intelectuales, obras intelectuales (y sus formas de expresión en soportes), instituciones comunitarias y estatales -vinculadas a la gestión de estos derechos-, empresas y corporaciones comerciales y el público1 (Vercelli, 2009). Determinan que se puede hacer y que no con las obras intelectuales. De este punto deriva la relación entre los intereses privados y los públicos/comunitarios. Dado que la principal materia prima utilizada por estos sectores es un bien intangible (la creación intelectual), estos derechos le brindan al autor la propiedad exclusiva sobre su creación y la posibilidad de explotarla comercialmente.
En este contexto, la protección del derecho de autor y derecho de copia, llega hasta la expresión particular de los bienes intelectuales (la obra) pero nunca pasa a las ideas, los hechos descritos, las técnicas o a la explotación comercial que éstas puedan comunicar. Estas formas de expresión concretas representan el momento único e irrepetible donde los autores se conectan con su cultura (Vercelli, 2009). Por ello, una obra intelectual siempre es expresada, fijada o exteriorizada en un soporte. Es decir, la traducción de los bienes intelectuales a obras intelectuales siempre esta mediada por los autores y por sus formas particulares de expresión en soportes. Es cierto que los soportes2 son necesarios para que existan las obras intelectuales, sin embargo, éstos son accesorios a la luz de la protección jurídica. Todo aquello susceptible de ser contenido por un soporte digital ha sido afectado por las nuevas tecnologías y la modalidad de imponer restricciones: el conocimiento, la información y cada expresión particular de la técnica cultural de nuestra era, el software.
La tensión entre intereses se sostiene en alcanzar un equilibrio entre la explotación comercial de los bienes y obras intelectuales (tanto por su venta como por los derechos de autor) y el derecho humano a disponer de la cultura. De aquí se desprende el rol trascendente del Estado como garante de los derechos de todas las partes, como una especie de árbitro neutral que debe intervenir para evitar desigualdades.
En este sentido, la Industria Editorial se define por la explotación comercial de los bienes intelectuales (la cadena de valor del libro, sea impreso o digital) y la protección jurídica de las obras intelectuales (derechos de autor y copia). A partir de las transformaciones tecnológicas y la expansión de Internet, la emergencia de “libros electrónicos” altera lo que genéricamente denominamos “libro” y obliga a (re) pensar los consumos culturales, sus formas de producción y reproducción, disposición y alcance jurídico-político.
En lo que atañe al libro electrónico, el modelo de negocio editorial se encuentra en la actualidad concentrado en pocas manos. Empresas trasnacionales como Google Inc.; Amazon, Barnes & Noble, Apple y Sony, entre otros; desarrollaron tecnologías específicas para el comercio del libro digital. En este aspecto, vale mencionar que las empresas no necesariamente irrumpen en escena como “tiendas o librerías virtuales”, sino que desarrollaron dispositivos específicos diseñados para la lectura electrónica. Así, el acceso a los bienes y obras intelectuales encuentra condicionamientos dentro del propio diseño tecnológico del dispositivo. Amazon irrumpe en el mercado con el lector Kindle3, Sony con el Sony Reader, la tienda Samsung y Barnes & Noble, con el Samsung eReader, Apple con su tableta iPad, Chrome OS Tablet de Google Inc. por mencionar algunos. A su vez, la digitalización permitió la proliferación de formatos4 de archivos para la creación, publicación y lectura del libro electrónico Los formatos digitales5 que en la actualidad presentan un uso más extendido para los distintos dispositivos de lectura o Readers son los de PDF6, ePub7 y Moby8.
Si bien con relación a los soportes se destaca la existencia de varias opciones que luchan por consolidarse en el mercado. La disputa principal, en torno a dispositivo, se presenta entre Amazon Apple. Amazon se mantiene en primer lugar con ventas que registran 678.000 millones de dólares entre productos electrónicos y otros medios; mientras que Apple trepa hasta los 183.000 millones de dólares9. No obstante, cabe mencionar que el modelo de negocio de ambas empresas radica en la venta de dispositivos y no de “libros electrónicos”; por lo cual es prácticamente imposible cuantificar la cantidad de bienes y obras intelectuales que se concentran entre ambas compañías.
4.1.- De Gutemberg a la aldea global: la historia del libro a través del soporte
Si bien parece ser la Industria Editorial la más demorada en la carrera de la reciente revolución tecnológica, en los últimos años se ha asistido a una competencia cerrada que busca incorporar al libro y su universo a la era digital. A la capacidad incrementada de reproducir masivamente textos impresos en formatos, calidades y cantidades diversas, se incorpora ahora la posibilidad de consumirlos en un soporte que amenaza con transformar radicalmente no solo las maneras de leer, sino también las vías para promocionar, distribuir, comercializar, e incluso la creación misma (Laguarda Martínez, 2012).
Sin embargo, a la hoy retrasada industria editorial se le reconoce su carácter pionero en los procesos de industrialización de la cultura, gracias a la invención y popularización de la imprenta en Occidente en la época del despegue del modo de producción capitalista (Ibídem).
A partir de la irrupción de la imprenta en el siglo XV, el soporte “papel” ha sido impuesto como el único soporte de mercantilización de las obras intelectuales, lo que habilita su producción, comercialización, distribución y venta; a la vez que permite su regulación a partir de los derechos de autor, cuya dinámica tutela el valor intelectual contenido a través del soporte material. En lo esencial, el libro no ha cambiado en los últimos 500 años. Sigue siendo un conjunto de pliegos impresos cosidos, pegados o presillados, protegidos por una cubierta más o menos resistente y que reconoce a autor y casa editorial como entes principales en su creación (Ibídem).
En Argentina, dada la trascendencia del libro para los procesos educativos y culturales, la relación entre Estado y el sector editorial se encuentra vinculada a aspectos crediticios, impositivos y de fomento vinculadas a la Industria Editorial. Las políticas más significativas al respecto son: exención del IVA, Ley de Fomento del libro y la lectura (Nº 25446), Ley de precio único (o Ley de Defensa a la Actividad Librera, Nº 25442), imposición a la industria editorial del envío de ejemplares a Bibliotecas Públicas Nacionales (Ley 25442, Art 11), políticas que garanticen la diversidad cultural, estímulos a la creación literaria (Igarza, 2012). A su vez. la Industria Editorial convive con instituciones público comunitarias, que actúan como mediadoras entre la ciudadanía y el libro. En este contexto, las Bibliotecas Públicas Nacionales (como gestora del acervo cultural), son ejemplos representativos de la relación entre el Estado y la ciudadanía.
No obstante, en la era digital, aquellas afirmaciones en lo que concebíamos históricamente como libros cambian. Conviven obras intelectuales “impresas”, Así, a los cambios en la acepción “libro”, lo acompañan los cambios en la cadena de valor, los cambios en el consumo cultural del público lector, y nuevos mediadores en el proceso (provenientes del ámbito tecnológico) que representan serios desafíos para la industria editorial (Igarza, 2012). A continuación, se sistematizaran estos tres puntos, siendo estratégicos para la comprensión del proceso a analizar:

5.-La transición en la cadena de valor del libro. Qué cambia y qué se mantiene
Tal como se ha mencionado al inicio, la cadena productiva del libro está integrada por diferentes etapas en las que intervienen y se relacionan los distintos actores, donde se distinguen tres procesos básicos: 1) la producción intelectual; 2) la producción material; y 3) la distribución y comercialización. En este contexto, los cambios más significativos en las dos primeras etapas han sido mencionados en el apartado 4, en los cambios en las relaciones que establecen los derechos de autor y copia. No obstante, los cambios en la cadena de valor de la Industria Editorial, en lo referente al tercer proceso, son los que presentan mayor visibilidad y los que mayores mutaciones detentan a partir de la irrupción de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).
En esta línea de análisis, los costes de producción y distribución han presentando una reducción significativa en los últimos años (Igarza, 2012), sobre todo a partir de la popularización de Internet, la emergencia de plataformas de autopublicación, la desmaterialización del libro y la eclosión de la versión digital del mismo, la irrupción de empresas tecnológicas que ganan terreno en lo editorial, amenazan la conformación tradicional de la cadena de valor.
A su vez, la cadena de valor del libro comprende tres grupos de actividades diferenciadas: por un lado, las vinculadas a la producción de contenidos, por otro, a la producción de bienes culturales, que en esta línea son sumados al valor económico que plantea el soporte y por último, a la comercialización. Los agentes210 que participan en la producción editorial dentro del primer grupo de actividades son los autores, las empresas editoras, los agentes editoriales y los proveedores de servicios editoriales -editores, traductores, correctores de estilo, diseñadores y diagramadores, fotógrafos, entre otros-. En el grupo de los productores industriales -los que concretan el producto en un bien físico- se incluyen las empresas gráficas y encuadernadoras y los fabricantes y distribuidores de papel. Por último, en la comercialización del libro se involucran las distribuidoras de libros, los importadores y los canales de venta minorista.
A su vez, dada la trascendencia del libro para la cultura nacional, a los grupos anteriores, se incluyen también las bibliotecas, las cámaras empresarias, los sindicatos y el Estado a través de sus diferentes áreas y organismos de gobierno nacionales, provinciales y municipales, entre las cuales se cuentan las bibliotecas que están a su cargo.
51.- El autor en la era digital: autoedición y desintermediación
La desmaterialización de la obra intelectual que supone su desprendimiento del soporte papel no es tal, si consideramos a los servidores y a los formatos digitales como soportes materiales que contienen a las obras intelectuales en la actualidad. No obstante, es posible inferir que las TIC presentan nuevas oportunidades para el autor, ya que estimula la autopublicación. En el modelo tradicional de la Industria Editorial, son las compañías editoriales quienes dominan las ventas y la publicación de títulos y asumen la responsabilidad de que autores merecen ser publicados y quienes no111. Esta dinámica se ve interpelada por la posibilidad que brinda el contexto digital a autor, que puede subir su obra a plataformas digitales sin existir mediación editorial. Ello es posible gracias a que el modelo de negocio digital se minimizan los riesgos que asume el autor a publicar una obra, ya que su edición no conlleva una tirada de un mínimo de ejemplares que necesita vender para cubrir los gastos de la inversión inicial. En contraste, en la Industria Editorial tradicional la edición de libros impresos y no vendidos rondan el 30% de la edición literaria y el 60% de la edición científica (Igarza, AG).
Otra de las ventajas que se presenta con el modelo de autopublicación son los altos márgenes de beneficio que percibe el autor en contraste con los escritores que publican en casas editoriales. En la mayoría de los casos, los autores de libros impresos cobran honorarios de un 5% del precio de cada unidad vendida, mientras que en los sistemas de autopublicación pueden percibir márgenes de hasta un 70% (IBIDEM)
5.2.-Impresión
La impresión bajo demanda representa uno de los cambios más significativos en la cadena de valor de la industria editorial, ya que supone una desintermediación casi total en la cadena de producción y en el vínculo entre autor/creador y lector. En este tipo de impresión, una máquina es destinataria de un texto, condicionado a determinadas pautas de edición, que llega directamente desde la computadora. La impresión bajo demanda permite obtener un libro en formato papel en el momento mismo que se realiza el pedido. Esto presupone un fondo de libros digitalizados y una máquina especial para efectuar la edición. Este tipo de sistemas, de garantizarse su expansión, abarata costos significativos de producción; al reducir los costos de almacenaje, devolución y sobreimpresión de ejemplares. No obstante, son muchas las reservas que subsisten con relación a su difusión, pues el costo de las máquinas que permiten esta “impresión a la orden” todavía es considerablemente elevado (Laguarda Martinez, 2012)
A su vez, la impresión digital, que incluye cualquier método de impresión -desde impresoras láser de sobremesa hasta prensas offset digitales-, son cada vez más utilizadas para la impresión. Las facilidades que ofrecen constituyen la base de nuevos modelos de gestión, como la edición, impresión y encuadernación a demanda.
5.3.-Desterritorialización
En la edición tradicional la distribución de las publicaciones está condicionada por límites geográficos, debido a que los costos de entrega determinan que el número de lectores disminuya en la medida que aumenta la distancia, debido también a la cantidad de intermediarios que convergen entre el libro y el lector -empresas editoriales, librerías, entre otros-. En la comunidad electrónica surge un concepto de comunidad lectora que se basa en los intereses, necesidades y estilos de vida de cada persona. Su acceso en línea, con independencia de su situación geográfica, abre nuevos mercados.Por otra parte, el concepto de desterritorialización esta intrínsecamente relacionado con la desmaterialización del objeto libro, ya que dicha acción permite su circulación en la red. No obstante, la desmaterialización es un proceso traumático para varias generaciones de lectores, es todavía un objeto que físico, reutiilizable, de valor simbólico y material. Y aunque “lo que cambie sea solo un artefacto manufacturado y no el transmisor de significado, el e-book es contenido cuya mediatización tecnológica es todavía deasiado aparente e inhibidora. Para una amplia mayoría de lectores que lo consideren algo inapropiable, sobre lo cual no hay propiedad y solo una cesión de derechos de uso” (Igarza, 2010:29).
Sin embargo, la constante evolución del escenario digital y la apropiación por parte del público lector cambiaria estas reestricciones culturales y sociales. No obstante, este es un factor a ser considerado desde la esfera de las políticas públicas para garantizar el acceso a la conexión en red y alfabetizar digitalmente a la población; si lo que se prioriza es el derecho pleno a la disposiciión de la cultura en la era digtal.

6.-Nuevos mediadores
A las grandes empresas editoriales, se suman, como un nuevo factor -de alerta-, la industria del software y el desarrollo de tiendas virtuales, tal como se adelantaba en las líneas precedentes. Así, a emergencia de nuevos mediadores o mediatizadores13, posibilitó la sustitución de labores tradicionales de editor, impresor y las empresas de distribución. Así, “los nuevos jugadores son más proclives a forzar la colaboración que a solicitarla. Mientras que la cadena de valor siempre estuvo sometida a la negociación entre actores sociales, los nuevos mediatizadores, casi exclusivamente agentes del sector tecnológico, han empezado a jugar un rol significativo en cómo se producen y distribuyen contenidos” (Igarza, 2012:43). A partir de la irrupción en la cadena de valor de los nuevos mediadores, las reglas de la gestión de la cultura literaria cambian, sobre todo por la desigualdad en las condiciones de juego. Empresas como Google, Apple, Amazon, por mencionar los de mayor renombre, representan en la actualidad un peligro de concentración y monopolización de las obras literarias. Provenientes del mundo tecnológico, estas empresas irrumpen en todos los eslabones de la cadena de valor de la industria editorial e, incluso, de la dimensión no comercial de la obra intelectual, ya que no son alcanzados por políticas públicas que trasciendan el territorio local. En palabras de Roberto Igarza (2012):
Los nuevos jugadores se han insertado sin demandar permisión alguna en una cadena de valor que los ha visto pasar del estado marginal y periférico a un rol más protagónico. Esto se debe en gran parte a su doble función social, tan apreciada por el público: i) configurar y hacer visibles mercados en los que todos compiten contra todos, con reglas de juego que ninguno de los jugadores tradicionales sabe jugar y que el usuario siente que lo privilegian, básicamente por la combinación de lo gratuito y lo pago que ofrecen; ii) la selección y jerarquización de las referencias en la web, es decir, el ordenamiento indispensable para saber por dónde comenzar y seguir. (…)Es evidente que los intereses difieren entre los nuevos jugadores y que se insertan en la cadena de valor del libro de maneras también diversas. Pero todos los modelos sustentan sus ingresos en hacer visibles los contenidos, todos ellos pertenecientes a terceras partes. Salvo en algunos países fuera de la región, donde están discutiéndose en las máximas instancias judiciales y políticas, ni las previsualizaciones de libros, ni las apariciones de titulares y encabezados periodísticos han sido calificadas como uso indebido de los contenidos ajenos. Lo que ofrecen los nuevos actores sociales son modelos de visibilidad, sabiendo que el valor cultural y social de un contenido es deudor de la visibilidad, y que el contacto con el usuario fue y es una de las piezas de mayor valor económico de la cadena de distribución (p:44). Se anticipa también, que a través de los condicionamientos en los soportes, la propiedad en la infraestructura de redes 14y la concentración en la regulación de contenidos, entre otros; el proceso de producción y distribución de los contenidos culturales utilizaría la tecnología bajo fines regulatorios y desde el mismo diseño del producto (Gillespie, 2007). En este sentido, no aceptar esas reglas del juego implicaría la invisibilidad o simplemente tener que pagar, contacto a contacto, la publicidad, el paradigma oculto que sostiene una parte relevante del nuevo ecosistema. La publicidad, que prevalece en esos entornos, no es justamente el paradigma al que el libro ha dedicado más experiencias. Al mismo tiempo, algoritmo secreto mediante, lo gratuito y lo pago conviven en la proximidad dentro de las pantallas de los usuarios. Las formas de visibilidad que adquieren los contenidos estimulan al usuario a considerarlos un commodity, más que un objeto cultural. En ese juego, el libro impreso tiende a buscar las ventanas especializadas para exponerse (librerías en línea) y salir de una competencia que le resulta perjudicial (Igarza, 2012:44-45).
6.1.- Google y Amazon: ejemplos para alertar sobre la concentración intelectual en la era digital
Los nuevos mediatizadores irrumpen en la gestión de la cultura gracias a los procesos de digitalización y la expansión de Internet. No puede pensarse en el rol protagónico de una empresa como Google sin enmarcarla en la era digital.
Fundada en 1998 por Larry Page y Sergei Brin, se ha convertido en el Index privatizado de Internet. En concreto, Google Inc. descarga Internet a sus servidores privados y, a partir de allí, es que administra las búsquedas. Si bien ofrece su motor de búsquedas de forma gratuita a los usuarios finales, la corporación obtiene inmensas ganancias de las publicidades que administra de cada sitio Web. De allí que Google Inc. se haya convertido en un gigantesco mediador, en una pieza fundamentales para que los hipervínculos funcionen en la era digital. Allí crean su valor comercial, en esas conexiones que enlazan el mundo de la información: es decir, más clicks sobre los enlaces de las búsquedas en sus servidores y la corporación se vuelve cada día más inteligente. Es justo allí donde Google Inc. intermedia con la publicidad del mundo (Vercelli, 2010). En la actualidad Google Inc. es la mayor empresa de Internet y, sin dudas, la que mayor cantidad información, bienes y obras intelectuales gestiona diariamente a nivel global: desde la Web, hasta telefonía móvil, pasando por redes sociales, correos electrónicos, videos, imágenes, mapas, música y, por supuesto, también domina desde 2004 el mercado de las obras intelectuales literarias (Ibídem).
En relación a los soportes materiales de sus servicios, Google Inc. se construye como plataforma a través de sus servidores y centros de datos distribuidos en por todo el mundo (Vercelli, 2009). En este contexto, la relación entre Google Inc., las nuevas tecnologías de gestión y la industria editorial no tardarían en ser una gran oportunidad de negocio. Tal como sistematiza Ariel Vercelli (2013):
Que las tecnologías y plataformas de Google Inc. sirvieran para buscar y gestionar información en formatos digitales ya no era novedad a principios de siglo. Pero, ¿podía una empresa de la “nueva economía”, utilizar sus algoritmos de búsqueda dentro de las obras intelectuales literarias impresas en soportes libro y distribuidas por todas las bibliotecas del mundo? La respuesta resultó positiva. Google Inc. desarrolló un proyecto corporativo con el objeto de disponer y gestionar en sus servidores corporativos todos los “libros” y, en realidad, de todas las obras intelectuales literarias de la humanidad. ¿Google Inc. estaba desarrollando una biblioteca? Desde un primer momento la corporación buscó asimilar su iniciativa a lo que todavía se conocen como bibliotecas. Sin embargo, las aclaraciones y diferencias no tardaron en aparecer: la iniciativa no era una biblioteca pública y sí fue significada como una iniciativa comercial privada (p:4) El proyecto Google Books surgió de Larry Page, uno de los fundadores de Google Inc. Comenzó a desarrollarse internamente en 2002 bajo el nombre de ‘Imprenta Google’ (Google Print). Tomó estado público en octubre de 2003, cuando Google Inc. comenzó a ofrecer servicios de búsquedas sobre libros y fue presentado públicamente en 2004 en la feria del libro de Frankfurt. Hacia 2005, el proyecto fue modificándose y pasó a ser conocido mundialmente como ‘Libros Google’ (Google Books). La iniciativa sobre los libros se componía de al menos dos programas articulados. Por un lado, el proyecto ‘Imprenta Google / Programa de Socios’ (Google Print / Partner Program) y, por otro, el proyecto ‘Biblioteca Google’ (Google Library Project)De esta manera, a través de acuerdos con las bibliotecas, Google Inc. comenzó a construir su propia y corporativa “Biblioteca Google” donde se escanearon millones de libros. Google Inc. desarrolló tecnologías y procedimientos para escanear libros y recuperar digitalmente las obras intelectuales literarias contenidas en los soportes libros. En la actualidad, gestiona más de 24 millones de obras intelectuales, tanto obras protegidas por derechos de autor como de dominio público16.
En este contexto, Google Inc. representa algo más que un actor cuya posición es hegemónica. Representa en la actualidad una biblioteca virtual de enormes dimensiones, pero también en una gestora de derechos. De esta manera, el derecho a copia que habilito la constitución del proyecto Google Books es negado sistemáticamente hacia la ciudadanía, con acciones legales que penalizan el uso compartido de los usuarios y condiciona el ejercicio de la libertad de expresión17. En  consecuencia, el interrogante es obvio: ¿Por qué Google Inc. puede ejercer su derecho a copiar la cultura literia y comercializarla y a los usuarios se les niega el mismo derecho, sin siquiera determinar que tipos de usos (comerciales o no) realizan? En este sentido, es decisoria la acción del Estado para la gestión de sus acervos nacionales y que no quede su gestión en manos privadas.
Por su parte, Amazon es una empresa multinacional estadounidense de comercio electrónico18, con sede en Seatlle, Washinton. Fue una de las primeras compañías en vender productos a través de Internet. Fue fundada en 1994 por Jeff Bezos19 y lanzado el 16 de julio de 1995. Comenzó como una tienda virtual de libros pero pronto se expandió para ofrecer bienes y servicios de calidad multimedia, como VHS (soporte de almacenamiento digital, tecnología caduca en la actualidad), DVD´s, CD´s, MP3, para luego ofrecer otra calidad de productos, como software, video juegos, juguetes, dispositivos electrónicos (el dispositivo de lectura Kindle representa su mayor logro), comida, muebles, ropa y artículos de joyería.
Amazon ha establecido sitios Web en todo el mundo para diversificar su oferta, en función de la fragmentación de la demanda, en países como: Canadá, Reino Unido, Alemania, Austria, Francia, China, Japón, Italia, España, Holanda, Polonia y Suecia, entre otros. Esta estrategia de mercado le permite vender productos de manera  En la actualidad, su rol en la Industria Editorial es más que significativo y alarmante: Amazon ya controla en torno al 60% del mercado del libro en EE UU y cerca del 25% en Alemania. En el caso de los libros electrónicos, en 2010 controlaba casi el 90% del mercado estadounidense, aunque en estos últimos cuatro años Apple se ha convertido en un competidor importante y ha reducido su dominio hasta el 65%. No obstante, es difícil en la actualidad medir la dimensión real de la concentración, ya que la empresa no proporciona datos sobre el número de Kindle (es decir, los números de venta de su lector de libros electrónicos), ni sobre el porcentaje que los libros representan en sus ventas totales, ni sobre la diferencia con sus competidores. Los datos que está obligada a entregar en EE UU revelan que en todo el mundo sus ventas netas en 2013 fueron de 74.450 millones de dólares, un 22% más que en 2012. El beneficio global fue de 274 millones. En España, Amazon factura a través de Luxemburgo, por lo que no es posible conocer tampoco sus ventas, aunque su filial española, que recoge la facturación de productos desde su centro logístico de San Fernando de Henares, en 2013 aumentó un 65% la cifra de negocio (de 10,56 a 17,46 millones) con respecto al ejercicio anterior. Sólo una pequeña parte de ese porcentaje corresponde a la venta de libros21.
En el contexto descripto, ambas empresas analizadas permiten delinear algunas consideraciones. Google representa en la actualidad un canal de visibilidad sin precedentes y gestiona en la actualidad bienes y obras intelectuales a nivel mundial.
Por su parte, Amazon representa la tienda virtual de venta de libros (tanto en formato impreso como digital) que acapara más del 60% del mercado literario y más del 70% del mercado de libros electrónicos, a través de su propio dispositivo, legitimado por el uso de los usuarios; con los consecuentes cambios en la disposición de la cultura literaria.
¿Qué acciones deberá orientar las políticas del Estado Nacional con respecto a la industria editorial, en permanente mutación y cambio? La construcción de tecnologías para a gestión de sus acervos, que permita la conformación de una suerte de Biblioteca Nacional virtual, podría ser considerado un buen punto de partida para garantizar la disponibilidad de la cultura literaria nacional

7.- Cambios en la disposición de la cultura
La lectura ya no puede interpretarse solo como la decodificación del sistema alfabético, ya que no es el único sistema de signos que es susceptible de ser leído. Desde la tradición semiótica, la idea de la lectura se ha ido flexibilizando para poder abarcar un conjunto de usos e intercambios de códigos diversos, que incluye desde la imagen hasta los espacios, y desde la gramática cifrada de los códigos de máquinas hasta las codificaciones magnéticas, legibles únicamente para los artefactos ópticos (Ambrojo, 2009). En este sentido, el término flexibilidad se extiende hacia un universo mediático de sistemas simbólicos que va más allá de lo escrito y que comprende nuevas formas de narrar y leer historias.
Tal como sistematiza Roberto Igarza (2010):
Se agregan a la metared millones de datos nuevos por día. El 90% de la información accesible a través de las redes fue generada en los últimos 24 meses. Ciudadanos comunes que escriben entradas en blogs y microblogs, mensajes de texto en sus teléfonos móviles, comentarios en sitios web, correos electrónicos y chats. Aunque no fue la hipótesis inicial, parece que entre más pantallas hay, es mayor el volumen de escritura y de lectura, aun cuando no se trata de libros, ni de medios de comunicación impresos. En una gran diversidad de plataformas visuales se fusionan palabras e imágenes dinámicas (p:62). En consecuencia, las nuevas lecturas no solo orientan al lector a un ejercicio mental, sino también hacia una interacción:
La lectura digital transforma al lector en usuario. Su relación se establece sobre la base de interacciones físicas. Hace cinco siglos era raro leer en silencio, ahora es cada vez más raro leer sin mover el cuerpo. Mientras la lectura fue asociada desde la Ilustración al espíritu contemplativo y al conocer y descubrir en la intimidad, ahora se instala en una función más interpelativa, utilitaria y a la vez social. Cuando se trata de competir en los escenarios híbridos donde los soportes cohabitan, alternando entre competición y colaboración, la linealidad del texto, que trata de retenernos hasta el final de la página acicateando la inteligencia lingüístico-verbal, busca un lugar protagónico en la reconfiguración constante de los esquemas mentales en los que se asocian unas ideas con otras, esquemas que se entrecruzan con los de otros lectores, remisiones hacia abajo y hacia arriba, dentro y fuera del texto (Igarza, 2010:63).
La centralidad de los medios de comunicación en la experiencia humana es innegable, dada su presencia constante en nuestra vida cotidiana. La diferencia sustancial con los desarrollos tecnológicos de los últimos años es que los medios van con nosotros a donde sea que vayamos. Así, los nuevos dispositivos inalámbricos de conexión cambian la concepción social de tiempo y espacio y habilitan nuevas formas de consumo, relacionada a los cambios en la socialidad que emergen a partir de las redes sociales e Internet (Castells, 2012). En función de lo argumentado, “los dispositivos móviles, especialmente los teléfonos móviles, pueden ocupar los intersticios que, salvo la publicidad de vía pública y, en ciertos casos, la radio, no tenían un rendimiento mediático o comunicativo y, aun teniéndolo, carecen de la eficacia de los medios audiovisuales. Con la TM(telefonía móvil), a la vida metropolitana ya no le quedan espacios preservados de la inmersión mediática” (Igarza, 2009: 50)  En este sentido, la unicidad del soporte consensuado como “libro”, necesario para su comercialización a partir de la creación de la imprenta, ya no es necesario. Se considera que el libro digital puede leerse en un aparato diseñado para tal fin, pero también en otros dispositivos no concebidos para su lectura, como el ordenador personal, la agenda personal, tablets e incluso teléfonos móviles. Esto altera de facto la concepción espacio-tiempo y el vínculo con la lectura.¿Cuántas obras intelectuales en formato papel podemos llevar en un viaje desde la ciudad de Buenos Aires a Santa Cruz o Salta, en comparación con la almacenada en un dispositivo electrónico? ¿Cuántos son los beneficios que esto representa? Las pantallas de lectura varían de tamaño, pero todas disponen de una tecnología de papel electrónico que consigue un efecto papel, gracias a pantallas antirreflectantes, una resolución mejorada y tecnología de tinta electrónica; permite una lectura con luz natural o solar, y la fatiga visual es menor que con las pantallas retroiluminadas de las portátiles. Delgados y ligeros –pesan aproximadamente 200 gramos-, los lectores digitales tienen un tamaño de best-seller y un libro de bolsillo. La diferencia es que pueden almacenar una biblioteca entera de miles de libros. Solo consumen energía al pasar de página, lo que implica un tiempo de uso de más de 9000 pasadas (Ambrojo, 2009).
En este marco de análisis, es posible inferir que los nuevos hábitos de lectura encuentran estrecho vínculo con las nuevas formas de socialización emergentes gracias a las nuevas tecnologías, pero también, irrumpen como parte de las condiciones impuestas por las empresas de Internet para su uso y apropiación. A modo de ejemplo, el buscador de información de Google Inc. se ha convertido en el buscador de mayor utilización por parte de los usuarios. Primero porque posee dentro de sus propios servidores22 más cantidad de información que cualquier otro (Yahoo, a modo de ejemplo). Segundo porque perfecciono sus criterios de búsqueda, adaptados a la búsqueda de las personas e, incluso, sus errores23. No obstante, Google Inc esta lejos de ser solo un simple buscador:
En concreto, Google Inc. recorre con sus redes y se descarga Internet a sus servidores privados y, a partir de allí, administra y gestiona las búsquedas de Internet como un servicio. Si bien ofrece su motor de búsquedas de forma gratuita a los usuarios finales, la corporación obtiene sus ganancias de las publicidades que administra en cada uno de los sitios Web. De allí que Google Inc. se haya convertido en un (inter)mediador, en una pieza fundamental para que los hipervínculos funcionen en la era digital. Es allí donde crean su valor comercial, en esas conexiones que enlaza el mundo de la información: es decir, más clicks sobre los enlaces de las búsquedas en sus servidores y la corporación domina la intermediación publicitaria mundial (Vercelli, 2014).
Pero hay un dato más que en este punto no debe ser ignorado. Google Inc. visibiliza los enlaces que, o bien paguen por estar primero en los criterios de búsqueda, respondan a sus intereses o bien, sean los más visitados por los usuarios de todo el mundo. ¿Puede un ciudadano argentino acceder a una obra intelectual de origen francés, mediante Google? Si, por supuesto. ¿Puede acceder igual pese a estar protegidas por derechos de autor? Google Inc. ha demostrado que si. ¿Incluso puede acceder a la obra si esta es un trabajo científico que vaya en contra de los intereses de la empresa? Ahí no estamos en condiciones de asegurarlo24. Dichas acciones alteran los hábitos de lectura, ya no desde el dispositivo, sino de la forma en la que los ciudadanos accedemos a los bienes y obras intelectuales. En consecuencia, a los  cambios en las formas de lectura, propias del soporte (del libro impreso a la obra digital), deben de ser considerados las formas de disponibilidad que habilitan las tecnologías digitales e Internet, que en la actualidad, esta en pocas (solo una) manos.

8.-Políticas públicas en la era digital y la función/misión de las bibliotecas públicas nacionales
A lo largo de este trabajo, hemos desandado un camino orientado a describir los cambios en la disposición de la cultura y en la Industria Editorial. Inicio con la descripción de las diferencias entre bienes y obras intelectuales y las protecciones jurídicas que los alcanzan (Derechos de Autor y Copia), determinadas por los soportes que las contienen. Luego, se describió la composición de la industria editorial, sus cambios y desafíos actuales para determinar las tensiones entre los intereses privados y públicos-comunitarios (complejizado por la entrada de nuevos mediadores en la gestión cultural, en su mayoría provenientes del ámbito tecnológico).
Luego de este recorrido, estamos en condiciones de delinear una orientación que deberían contener las políticas públicas en la era digital y la (re) significación en la función/misión de las Bibliotecas Públicas Nacionales, entendidas como espacios públicos que garantizan la disposición a la ciudadanía de bienes y obras intelectuales y como protectoras del acervo literario nacional. En este contexto, no se trata de rechazar la innovación tecnológica, seria ingenuo y hasta incluso peligroso. Tampoco se trata de desconocer las nuevas formas de edición, de escritura y de lectura.
Sin embargo, es prioritaria la necesidad de investigar, clarificar y regular la arquitectura económica y político-cultural sobre la que se apoyan los nuevos gigantes de la economía digital del libro y las nuevas industrias de contenidos culturales (Díaz; Ostroviesky, 2013).
Frente a los nuevos procesos que atraviesa la industria editorial, dinamizados por la entrada de nuevos mediatizadores al mercado, el apoyo a librería, pero también a los editores para la digitalización de fondos por parte de los Estados Nacionales representa un desafío para las políticas del sector. Con estas acciones, se evitaría que los pequeños y medianos productores editoriales tengan la obligación de negociar con los gigantes de la gestión y la distribución de obras intelectuales. Otra de las medidas puede ser la modificación en sus estrategias de apoyo al sector editorial e impulsar el libro electrónico. Por ejemplo, en Canadá, el Estados los editores presentan cada año su programa editorial y reciben subvenciones en relación a su calidad y de la producción ya publicada. Las subvenciones cumplen con políticas anti-concentración, ya que un grupo con múltiples sellos no puede recibir subsidios superiores a los que recibe una pequeña o mediana empresa como único propietario ni tampoco recibir más de un subsidio por sello.
El caso de Francia simboliza uno de los ejemplos más representativo de un Estado que protege sus acervos y la cultura local y tiene estrecha relación con la (re)significación de las Bibliotecas Públicas Nacionales. En este país, la acción conjunta entre la Biblioteca Nacional, el Sindicato de Editores y el Centro Nacional del Libro ha contribuido a la digitalización de más de 100.000 libros considerados patrimonio y, por otro lado, ha entregado ayuda a los editores para digitalizar los títulos con derechos aún vigentes que podrán consultarse y comercializarse a través de diversas plataformas digitales. Por otra parte, el Centro Nacional del Libro (que financia mediante impuestos la venta de aparatos de reprografía y copias), ha apadrinado estudios y la creación del Consejo del Libro, cuya función es asesorar al Ministerio de Cultura en lo que refiere a las transformaciones en las dinámicas económico-jurídicas del libro y en las necesarias adaptaciones de la política del libro en el contexto de desmaterialización de la economía (Díaz; Ostroviesky, 2013).
Dado que nos encontramos en una etapa que evoluciona, muta y cambia constantemente, las acciones del Estado deben anticipar la evolución de la oferta digital, realizar estudios sobre los nuevos hábitos de lectura, las nuevas dinámicas de mercado, cuáles serán las mejores condiciones tecnológicas y económicas para favorecer la aparición de una economía digital del libro que respete los derechos del lector y del autor, por lo que es necesario que incentive la promoción de obras de calidad y remunerar a quienes la producen.
En vínculo con lo dicho, el recientemente creado Ministerio de Cultura en Argentina tiene grandes desafíos con respecto a la producción editorial y la disponibilidad de la cultura literaria. Ya no alcanza con garantizar el acceso, sino que las acciones deben estar orientadas a garantizar la disponibilidad de los bienes y obras intelectuales nacionales, si lo que se quiere hacer es preservar la cultura literaria nacional. De lo contrario, asumimos el riesgo de constituirnos en proveedores de contenidos e insumos que serán procesados, interpretados, difundidos y comercializados con criterios mercantiles ajenos a nuestros deseos de autonomía intelectual y cultural. Y eso es solo consecuencia de no haber comprendido oportunamente las evoluciones del sector, que permanentemente nos alerta sobre los peligros de concentración.

9.-Bibliografía:
Arévalo, J.A; Cordón García, J. (2011). El libro en la era digital: evolución y revolución, nuevas propuestas, nuevos conceptos. En Infoconexión, Revista Chilena de Bibliotecología, Nº3, PP:1-20.
Ambrojo, J.C (2008). Libros electrónicos: Gutemberg se adapta a la era digital. Recuperado de http://www.tecnicaindustrial.es/tifrontal/a-2826-Libros-electronicos–Gutenberg-adapta-digital.aspx
Becerra, M.; Mastrini, G. (Directores) (2006). Periodistas y magnates: estructura y concentración de industrias culturales en. América Latina, Buenos Aires: Prometeo.
Becerra, M.; Mastrini, G. (Coord) (2009). Los dueños de la palabra. Acceso, estructura y concentración de los medios en la América Latina del siglo XXI, Buenos Aires: Prometeo.
Bustamante, E. (2002) Comunicación y cultura en la era digital, Barcelona: Gedisa.
Castells, Manuel (1995) La ciudad informacional: tecnologías de la información, re -estructuración económica y el proceso urbano-regional, Madrid, España: Editorial Alianza.

1 Cada uno de estos elementos describe un aspecto relevante para entender las relaciones que se producen en la regulación de los derechos de autor y los derechos de copia; estos elementos de la regulación mantienen entre sí una relación de retroalimentación1. Esto se ve reforzado con que en 1996 se celebraron dos tratados en el marco de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) en Ginebra. Uno de ellos, el Tratado de la OMPI sobre Derecho de Autor (WCT), que se ocupa de la protección de los autores de obras literarias y artísticas, como escritos, programas informáticos, bases de datos originales, obras musicales, obras audiovisuales, obras de arte y fotografías. El otro, el Tratado de la OMPI sobre Interpretación o Ejecución y fonogramas (WPPT), protege ciertos “derechos conexos”. Para la OMPI, el objetivo de ambos tratados consiste en“…actualizar y completar los principales tratados de la OMPI sobre derecho de autor y derechos conexos, principalmente para adaptarse a los nuevos acontecimientos que se producen en el mercado y a la evolución de las tecnologías” (Vercelli, 2009; Zitello, Zena, 2013).

2 Una misma obra intelectual puede expresarse en diferentes soportes. En otras palabras, actúan de vehículo o transporte, como forma de expresión, almacenamiento o medios de comunicación para las obras intelectuales; expresado en el art. 2.1 del Convenio de Berna (1886), donde el derecho de autor protege a las obras intelectuales “cualquiera sea el modo o forma de expresión”.

3 Dispositivo de lectura creado por la empresa Amazon. Soporta solo los siguientes formatos de contenidos: Kindle Format 8, Kindle, TXT, PDF, MOBY no protegido, PRC nativo; HTML, DOC, DOCX, JPEG, GIF, PNG, BMP a través de su conversión. En oposición, el resto de los lectores como Nook, Kobo y Sony Readers soportan el formato ePub. En el caso del iPad, el formato ePub debe ser convertido al formato del propietario de Apple ITtunes.

4 Coexisten en el mercado más de 25 formatos de archivo para publicación y lectura de un libro electrónico, incluidos los formatos de imágenes (JPEG, GIF, PNG o BMP) o de texto plano como el formato TXT (Laguarda Martínez, 2012).

5 Los formatos digitales son los soportes materiales que permiten la reproducción, distribución, circulación y copia de las obras intelectuales en la era digital. Son formatos de archivo que habilitan la impresión y distribución, cuyos condicionamientos intrínsecos al diseño predeterminan que se puede hacer o no con ellos. Por ejemplo, Microsoft ha desarrollado un nuevo formato de archivo llamado XPS (XML Paper Sepecification), que solo puede ser reproducido con el sistema operativo Windows Vista y en su nueva suite ofimática Office 2007.

6 Portable Document Format, de Adobe System. Para la lectura de libros electrónicos con DRM de Adobe, el lector debe descargar el programa Adobe Digital Editions para gestionar sus libros electrónicos. El programa funciona como enlace entre el ordenador y el dispositivo elegido para la lectura.

7 Formato abierto creado por International Digital Publishing Forum. Es un acrónimo de la expresión inglesa Electronic publication (publicación electrónica) y es un formato redimensionable de código abierto para leer textos e imágenes. Desde EPUB3 permite también adjuntar audio.

8 El formato Mobipocket e-book, otro estándar abierto para la edición de e-books fue comprado por Amazon. También funciona en diversas plataformas. Los e-books en este formato pueden tener la extensión .prc or .mobi.

Los formatos MOBI se pueden utilizar para contenidos complejos, incluyendo controles avanzadas de navegación, soporte para indexación, y un alto grado de compresión. Por ejemplo, los lectores pueden agregar sus propias páginas, realizar dibujos a mano alzada, hacer comentarios, subrayar, marcar páginas, hacer correcciones y notas si el dispositivo tiene soporte para este formato. También puede incluir un diccionario. Los formatos MOBI son más apropiados para pantallas más pequeñas porque el tamaño de la imagen está limitado para 64 K. El tamaño y el formato (GIF) de la imagen no tienen un buen resultado en dispositivos con pantallas más grandes como las tabletas. MOBI también puede mostrar contenidos re-fluidos y anchura fija de diseño.

9 En http://www.diariocritico.com/ocio/nuevas-tecnologias/apple/amazon/ventas-online/455022

10 Por agentes editores se identifica el conjunto de personas, empresas o instituciones del sector privado o público que tienen actividades editoriales, sea o no su objeto social la edición y comercialización de libros o publicaciones y que registran títulos en el sistema ISBN, sea de manera esporádica o continua. El universo de agentes editores se asocia entonces al conjunto de quienes registran y solicitan ISBN (Laguarda Martínez, 2012).

11 En el área latinoamericana se destacan las editoriales transnacionales como el Fondo de Cultura Económica (México), PLM (México), Alfaomega (México), Trillas (México), Limusa (México) y Siglo XXI; (México-Argentina), Editorial Médica Panamericana y VyR (Argentina); Norma y Legis (Colombia). Las otras editoriales que cuentan con una presencia fuerte en la región son las norteamericanas Mac Graw-Hill y Scholastic. La primera lleva, al menos, treinta años en América Latina y cuenta con 13 filiales. La segunda es de introducción más reciente y cuenta solo con cuatro. Las editoriales inglesas, por su parte, están representadas por Pearson, Cengage y Macmillan. (CERLALC, 2010). También tienen presencia importante las editoriales religiosas Paulinas y San Pablo, con casa matriz en Italia; las francesas Lagaredère, Grupo Anaya, Salvat y Larousse.

Mención aparte merece la trasnacional Penguin Random House Grupo Editorial, empresa líder en edición y distribución en lengua española, que forma parte del grupo internacional Penguin Random House fundado el 1 de julio de 2013 tras un acuerdo entre Bertelsmann (53% del accionariado) y Pearson (47% del accionariado) para fusionar sus respectivas empresas dedicadas a la edición: Random House y Penguin. Recientemente, fue noticia en el mundo editorial por la venta de Alfaguara. Cfr Manuel Rodriguez Rivero. Los gigantes siempre están hambrientos. Diario El País, 25 de marzo de 2014. Disponible en http://cultura.elpais.com/cultura/2014/03/25/actualidad/1395768767_811210.html. Ultima consulta: 24 de junio de 2014.

12 A modo de ejemplo, se mencionan algunas de las plataformas de autoedición:
Kindle Direct Publishing www.kdp.amazon.com/self-publishing/signin es un servicio gratuito de autopublicación que la tienda digital Amazon ofrece a los autores y editoriales, posibilitando que los autores publiquen sus obras y son vendidas en la tienda de Kindle Store. El precio del libro lo fija el autor o editor, se pueda estandarizar en dólares o libras esterlinas y ofrecen el 70% de ganancia a los autores, cuyo 30% restante queda para la plataforma.
Smashwords www.smashwords.com. Comunidad de publicación online fundada por Mark Cokeren en la que los autores y editores pueden publicar libros digitales, que estipula un precio de venta -5 dólares- para sus títulos y cuyos autores perciben entre un 60% y un 85% del precio final -3 dólares-. Además, es una plataforma de distribución de libros electrónicos en diferentes formatos libres de DRM (Digital Right Management, una suerte de gestión de derechos digitales), lo que representa una ventaja competitiva y es que sus libros son distribuidos por las grandes plataformas mundiales como Apple IbookStore, Barnes and Noble, Sony Readers Store, entre otras.
Literatura Nova www.literaturanova.com es una red social de autoedición en lengua castellana. Se trata de un portal en el que el usuario que haya creado registro puede subir sus creaciones literarias, así como acceder a los textos que allí están alojados para leerlos, descargarlos, comentarlos, entre otras acciones. Esta concebido con la lógica de una red social donde los integrantes se nuclean por su interés por la lectura y la escritura, así como también con la idea de compartir sus producciones literarias.
Traficantes de sueños www.traficantes.net es un proyecto alternativo de autoedición de libros electrónicos. Los textos de la editorial se publican con licencia Creative Commons y con copyleft.
Cfr: Arévalo, J.A; Cordón García, J. (2011). El libro en la era digital: evolución y revolución, nuevas propuestas, nuevos conceptos. En Infoconexión, Revista Chilena de Bibliotecología, Nº3, PP:1-20.

13 Empresas que provienen del sector tecnológico, cuya actividad no es parte de la industria editorial tradicional pero que en la actualidad juegan un rol protagónico en la gestión y disposición de los bienes y obras intelectuales (Igarza, 2012).

14 En este punto, conceptos como los de neutralidad de la red adquieren una mayor trascendencia. Cfr: Paola Fernández (2014) Neutralidad de la red tensiones para pensar el debate. En Questión,Vol 1, Nº42, Universidad Nacional de La Plata. Disponible en http://perio.unlp.edu.ar/ojs/index.php/question/article/view/2131.

15 Cfr: Vercelli, A. (2010). Google Books y los cambios en las industrias editoriales. Cuadernos de Políticas Culturales: Indicadores Culturales 2010, Buenos Aires: UNTREF, pp: 126-137. Disponible en http://www.arielvercelli.org/gbylcelie.pdf.

16 Este proceso no estuvo exento de litigios legales. En Estados Unidos, a modo de ejemplo, la Asociación de Derechos de Autor inició una demanda colectiva por violación a los derechos de autor. No obstante, en 2013, se resolvería que lo que hizo Google Inc. con los libros fue de “uso justo”. Esta cláusula, que habilita a las bibliotecas a copiar obras para su resguardo, preservación y acceso a la comunidad, sería aplicada a una empresa privada. No es el propósito del presente trabajo analizar los conflictos legales atravesados por la empresa, pero si deben de ser considerados como indicador de su posición hegemónica en el mercado mundial. Crf:United States District Court Southern Distriict ok New York (2013). Disponible en http://www.wired.com/images_blogs/threatlevel/2013/11/chindecision.pdf Última consulta: 8 de julio de 2014.
Para conocer el proceso completo, los alcances y los actores relevantes de las acciones legales, cfr: Vercelli, A. (2014). Google Books y la privatización de la inteligencia comunitaria. Recuperado de http://www.centrocts.org/wp-content/uploads/2014/05/SeminarioCTS_Vercelli.pdf

17 Puede mencionarse, solo a modo de ejemplo, el cierre del sitio web “Cuevana”, que provee links para el visionado de películas y series. En noviembre de 2011, tras el reclamo de la empresa “Imagen Satelital S.A.”, un juez de primera instancia en Argentina ordenó a la Secretaría de Comunicaciones y a la Comisión Nacional de Comunicaciones (CNC) que solicitara el bloqueo por parte de los ISPs -servidores- de ciertos contenidos de Cuevana – no toda la web, sino determinados contenidos específicos: las series “Falling skies”, “Bric” y “26 personas para salvar el mundo”. La solicitud se fundamentó en la legislación que protege el derecho de autor. La CNC ordenó el bloqueo y de acuerdo con la decisión judicial, Cuevana denunció desde su cuenta de Twitter que algunos ISPs estaban bloqueando contenidos del sitio. En enero de 2013, la Cámara de Apelaciones rechazó la petición de HBO Ole Partners de bloquear por completo el sitio Cuevana, dado que aún se ignora dónde está ubicado el servidor y quién lo administra, además de que la medida se considera excesiva y desproporcionada.
Cfr Fallo Cuevana http://es.scribd.com/doc/74214083/Fallo-contra-Cuevana y http://www.telam.com.ar/notas/201302/6927-la-justicia-rechazo-el-bloqueo-preventivo-de-cuevana.html Última consulta: 8 de julio de 2014.
Para un análisis de mayor envergadura y profundidad con respecto al caso de Cuevana y su relación con la legislación de propiedad intelectual; Cfr Eduardo Bertoni, Carlos Cortés (2013) La tensión entre la protección de la propiedad intelectual y el intercambio de contenidos en la red, a propósito del caso Cuevana en Argentina y la “Ley Lleras” en Colombia. Documento producido por la Iniciativa por la Libertad de Expresión en Internet. Disponible en http://www.palermo.edu/cele/pdf/investigaciones/la-tension-entre-la-proteccion-de-la-propiedad-intelectual.pdf Última consulta: 8 de julio de 2014.

18 El comercio electrónico o e-commerce significa hacer negocios por Internet. Los procesos de compra-venta de bienes y servicios incluyen: marketing de ventas, atención al cliente, transporte de mercancías (a nivel global), procesos de cobro, entre otros. También incluye la compra y venta de productos por parte de los mismos usuarios, como es el caso de Mercado Libre. Todos los elementos mencionados actúan de manera conjunta de forma similar al modelo de negocio tradicional, solo que los costos son menores porque los procesos suelen estar automatizados. Como principales oportunidades, se identifica la desterritorialidad que implica el proceso y la posibilidad de comprar sin moverse el usuario de su casa; acciones que implícitamente consecuencian cambios en los hábitos de los usuarios.

19 El nombre inicial del sitio fue “Cadabra.com” pero su creador decidió cambiar el nombre debido a considero que la nomenclatura remitía a un cadáver.

20 Cfr: Collins, P.; Mockler, R.; Gartenfeld, M. (2006). Amazon: una tienda de comercio electrónico. Recuperado de. http://biblio3.url.edu.gt/Publi/Libros/ADMestrategicaypolitica/19-06.pdf

21 Cfr: Combate por el futuro del libro. Publicado el 28 de junio de 2014 en Diarío El País.
Disponible en http://cultura.elpais.com/cultura/2014/06/26/babelia/1403785056_602371.html
Última consulta: 8 de julio de 2014.

22 Actualmente, bien puede ser considerada una plataforma de plataformas (Jarvis, 2009). En relación a los soportes materiales de sus servicios, Google Inc. se construye como plataforma a través de sus servidores y centros de datos distribuidos en por todo el mundo. Sin embargo, es difícil cuantificar cuantos servidores tiene la empresa a nivel mundial: no existen datos ciertos sobre cuál es la infraestructura real que posee. Éste es uno de sus secretos más celosamente guardados. Según Brand (2010) Google Inc. superaba hace unos años el millón de servidores (Vercelli, 2014:3).

23 Cualquier error u omisión en la búsqueda de información puede ser identificado por los algoritmos de Google Inc. y ofrecer al usuario la información que busca. Si uno inserta palabras, nombres de personas, instituciones, países o cualquier otro tipo de rango de búsqueda y esta mal escrito, el algoritmo “supone” que lo que uno quiso buscar era otra cosa y lo ofrece.

24 Google Energy LLC. es una empresa subsidiaria de Google Inc. fundada en diciembre de 2009 con el objetivo de abastecer de energía eléctrica sus propios servidores y centros de datos, pero también ofrecer servicios de energía en el mercado abierto (Google Energy LLC, 2009). Google Inc. experimenta con energías renovables: http://www.google.com/green/. A mediados de 2011 discontinuaron el software Google PowerMeter (orientado al monitoreo y análisis de la información del consumo eléctrico) debido a cambios en la política pública sobre energía eléctrica en Estados Unidos de Norteamerica: http://www.google.com/powermeter/about/ (Vercelli, 2014). En consecuencia, Google Inc. estaría en condiciones de invisibilizar de su búsqueda empresas competidoras e incluso, estudios e investigaciones que atenten contra el desarrollo de sus planes.

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