La Nación que se construye desde el conflicto y la diferencia

Área: Sujetos, identidades y cultura
Palabras claves: nación, conflicto, identidad
Autor: Ilardo, Selva
Universidad de Pertenencia: Universidad Nacional de Tucumán
Contacto: silardo@gmail.com

RESUMEN
El trabajo “La Nación que se construye desde el conflicto y la diferencia” es el análisis del corto audiovisual “Una vez más” de Gustavo Taretto (2010). El corto trabaja sobre como las diferencias culturales estuvieron presentes en la conformación de la Nación Argentina, a veces fueron negadas, transformadas, omitidas y siempre fueron fuente de conflictos. Se analiza el corto con aportes conceptuales de Homi Bhabha y Ticio Escobar.

INTRODUCCIÓN
El cortometraje audiovisual Una vez más dirigido por Gustavo Taretto, forma parte del proyecto 25 miradas/200minutos -Los cortos del Bicentenario (2010). El cortopuede leerse como una metáfora del desencuentro histórico entre los argentinos. La metáfora está construida a partir de una discusión entre los integrantes de una pareja mientras caminan por la vereda de una ciudad. La pareja representa a diversos actores políticos y sociales de distintas etapas de la historia argentina que por diferentes intereses no han podido resolver sus conflictos. Las diferencias culturales estuvieron siempre presentes en la conformación de la Nación Argentina, a vecesfueron negadas, transformadas, omitidas y siempre fueron fuente de conflictos. El director del corto, Gustavo Taretto, concluye: “sin memoria, sin acuerdo, sin proyecto, no avanzamos, no crecemos, y la historia se repite”. Aunque también, a partir de ver el corto podemos preguntarnos: ¿puede una Nación construirse con contradicciones y diferencias? ¿con intereses contrapuestos? ¿cómo se llega a un acuerdo? ¿cuál es el mejor acuerdo al que se puede llegar?¿el proyecto de Nación es sólo uno?

PRESENTACIÓN
En el corto Una vez más se ve una joven pareja que camina por la vereda de una ciudad mientras discuten. La chica, interpretada por Julieta Zybelberg, le pregunta al muchacho, Felipe Villanueva, si le da la mano. El guarda las manos en el bolsillo del pantalón y responde que no le gusta caminar de la mano. Ella insiste y cuestiona acerca de razones ¿por qué no quiere que los vean juntos? ¿es un problema moral?
El responde que cree que es una imagen absurda y que además hay que sincronizar los pasos, es incómodo. Ella cree que sincronizar los pasos es lo mínimo que se le puede pedir a una pareja que camina por la misma vereda y van para el mismo lado.
El joven le pregunta “¿porqué me pedís cosas que no me gustan hacer?”. “Para ver qué cosas estás dispuesto a hacer”, responde ella. Se recriminan mutuamente que no se escuchan y que no se entienden. La chica vuelve hacia atrás y él la busca y le ofrece la mano. Pero ella lo rechaza y retoman el camino. “Vos no querías la mano querías ganar” le replica el muchacho. “Vos sabés lo que yo quiero ” sostiene ella.
Siguen caminando. “No quiero seguir más”, afirma la joven, “no vamos a ningún lado, es”… él se detiene y le dice “Yo soy así”. “Si te gusta bien y si no…, responde la chica, ¿Qué pasa si yo también digo yo soy así?”. Se quedan en silencio los dos. Se abrazan y luego siguen caminando. Siguen caminando y ella le pregunta “¿me dás la mano? dale”… Se repite la misma escena dos veces más. Al final aparece sobre impreso: “sin memoria, sin acuerdo, sin proyecto, no avanzamos, no crecemos, y la historia se repite”.

ANÁLISIS
En el corto se puede observar una pareja, o sea dos sujetos, que desarrollan un diálogo que refleja un conflicto. Si trasladamos la metáfora a la construcción de la Nación tenemos, dos sujetos diferentes, con identidades diferentes que pueden estar representando también a otros sujetos sociales con intereses diversos. Estos sujetos dialogan sus diferencias con la intención de llegar a un acuerdo que los configure como un nuevo sujeto, la pareja en el caso del corto audiovisual. En ese diálogo hay fuerzas de poder, por ejemplo cuando el chico dice “vos no querías la mano querías ganar” y ella contesta “vos sabés lo que yo quiero”. Las diferencias culturales no se limitan a representar conflictos entre contenidos también cuestionan los saberes, el poder, marcan nuevas formas de sentido y nuevas identidades,son el espacio de lucha por establecer la hegemonía.
Abundaron en la conformación de la Nación Argentina las diferencias culturales, que se reflejaban en tensiones, pero la narración de la historia de esta Nación se esmeró más en omitir diferencias o en unificar diversos intereses en una posición. Lo que llevó a que la historia sea narrada como la sucesión de conflictos en los que sobre todo se observan dos grupos de interés, como si sólo esos dos grupos aunaran en sus intereses los de todos los ciudadanos o de todos los otros grupos de la Nación. Además se construyen a estos dos sujetos sociales como contrapuestos sin ver los matices, lo que tengan en común o los acuerdos a los que se pueda llegar. Ese aunamiento de características en torno a un sujeto que puede identificarse luego en contraposición a otro, es un juego en las estrategias de construcción de hegemonía. ¿Quién es patriota según Mariano Moreno?, ¿quién es nacional argentino según Faustino Sarmiento?, ¿qué es ser argentino según la Sociedad Rural? Cada respuesta a estas preguntas fueron el resultado de luchas de poder por establecer la hegemonía y designar qué es ser patriota o argentino en 1810, o en 1890 o en 2011,
Podemos citar varios ejemplos en los cualesla historia argentina es narrada como si sólo hubieran dos actores sociales en conflicto, y en todos los casos puede observarse la construcción del sentido que se hace de cada sujeto. En esta lucha por establecer el sentido se producen deslizamientos, sustitución y proyección de los símbolos. Podemos observar, por ejemplo, lo que el signo “gaucho ” significaba para Domingo F. Sarmiento:un ser bárbaro y vago que ocupaba la tierra que los civilizados podrían trabajar y de ese modo contribuir a generar una nación, “las razas fuertes exterminan a las débiles, los pueblos civilizados suplantan en la posesión de la tierra a los salvajes. Esto es providencial y útil, sublime y grande” (Eggers-Brass, 2002: 78). Pero a partir de 1950 el “gaucho”pasa a ser símbolo de la argentinidad, productor de la riqueza de la nación agroexportadora, trabajador del campo, omitiendo la figura del terrateniente y llegando a representar a los argentinos en el mundial de fútbol de 1978. Este es un ejemplo de deslizamiento y proyección del sentido de un signo que se atribuye a un sujeto social.
Otros conflictos que en la historia de nuestro país fueron planteados como contradicciones de dos fuerzas contrapuestas son, por ejemplo: en la Revolución de 1810 entre los conservadores del grupo de Cornelio Saavedra y los revolucionarios del grupo de Mariano Moreno, entre los unitarios y federales, los azules y colorados, las oligarquías contra campesinos y obreros, los Yrigoyenistas y antipersonalistas, los peronistas y antiperonistas, los peronistas y radicales, la oligarquía (sociedad rural) y el gobierno, entre otros.
En Una vez más, la lucha por establecer el sentido entre los sujetos se salda con el símbolo de darse la mano: de hecho, todo el argumento del audiovisualgira en torno a la discusión acerca de qué puede significar darse la mano en la pareja, “estamos juntos y vamos para el mismo lado ” o “imagen absurda”. Las luchas por el sentido, por establecer la identidad, son luchas ideológicas y cabe preguntarse ¿cuáles podrían ser los efectos culturales y políticos cuando en esas luchas por el poder hegemónico están en juego los sentidos las identidades, las vidas de los sujetos, la Nación?
En relación a esto, Homi Bhabha, desde la corriente del poscolonialismo, propone desarrollar el concepto de hibridez “para describir la construcción de la autoridad cultural en condiciones de antagonismo o inequidad política. Las estrategias de hibridación revelan un movimiento de extrañamiento en la inscripción “autorizada” y hasta autoritaria del signo cultural” (Bhabha, 2003: 103). Cuando el signo intenta objetivarse como un conocimiento generalizado o como una práctica normalizadora hegemónica o como el sentido común, la estrategia o discurso híbrido abre un espacio de negociación donde el poder es desigual pero su articulación puede ser equívoca o ambigua y de esa manera plantearse críticas, cuestionar el poder. Esto hace posible el surgimiento de una instancia “intersticial” que rechaza la representación binaria del antagonismo social. Otras visiones del mundo, nuevas versiones de la historia, nuevos acuerdos y proyectos de futuro pueden emerger en estos espacios. Se puede observar cómo en el diálogo del corto, aparecen cuestionamientos al modo de ser pareja, de aparecer en público, de escucharse y de entenderse, de querer “ganar”, de saber lo que el otro quiere o le gusta. Se plantea por ejemplo una nueva posibilidad de ser pareja que camina a la par, como cuando el chico dice, “me pongo una remera que diga la chica de al lado es mi novia” como alternativa a caminar de la mano.
Otro elemento fundamental en la narración del corto es la repetición. Se asocia esta idea de repetición sin variantes a una idea popularizada de que la historia se repite también sin cambios y por supuesto sin superaciones. Cuando la historia se hizo omitiendo voces disidentes y una y otra vez se establece una hegemonía que beneficia a las minorías con poder económico, entonces puede afirmarse que la historia se repite sin variantes. Pero cuando reclaman derechos nuevos sujetos se cuestiona el poder y la historia puede transformarse. Cito nuevamente a Bhabha que desentraña esta cuestión con tanta firmeza:
La idea de que la historia se repite, por lo común tomada como un pronunciamiento sobre el determinismo histórico, surge con frecuencia en los discursos liberales cuando fracasa el consenso y las consecuencias de la inconmensurabilidad cultural hacen del mundo un lugar difícil. En esos momentos se supone que el pasado retorna, con enigmática puntualidad, para hacer que los acontecimientos sean intemporales, y transparente la narración de su surgimiento. (Bhabha, 2003: 105)
Puede ser que en la actualidad prevalezca el temor de que el motivo de la transformación social ya no sea la aspiración a una cultura democrática común. Cuando la chica le dice al muchacho: “Venimos del mismo lugar, caminamos por la misma vereda, vamos hacia el mismo lado”. A lo mejor nos conviene reflexionar y más bien preguntarnos ¿venimos del mismo lugar? ¿caminamos por la misma vereda? ¿Vamos hacia el mismo lado o tenemos un solo proyecto de nación? Bhabha observa que las identidades actualmente se configuran de modo antagónico y ambivalente respondiendo a circunstancias situacionales y estratégicas, se realizan negociaciones según intereses sociales y reivindicaciones políticas. También Ticio Escobar en Más allá de las identidadesadvierte estas dificultades políticas:
Aunque cada vez más comprendida como concepto relacional y, por lo tanto, dependiente de contextos y contingencias y sujeta a operaciones articulatorias distintas, la idea de identidad tiende una y otra vez a volverse autosuficiente, sobre sí y hacer de sus contornos el límite de toda verdad y de sus demandas la medida absoluta de toda práctica social. Este reduccionismo de lo particular deja la identidad fuera del juego de las diferencias, del horizonte compartido por otros sectores con los que disputa o negocia posiciones y concierta estrategias. (Escobar,2009: 207)
Las identidades autosuficientes, en el corto plasmado con el “yo soy así” que sostiene el muchacho y la chica responde “si te gusta bien, ¿y si yo también digo yo soy así?” impiden la posibilidad de tramar miradas distintas para construir imágenes mediante las cuales se perciban enteras las sociedades. Y en ocasiones se vuelve necesario construir representaciones de conjunto por sobre las identidades particulares, por ejemplo, en situaciones que involucren el bien común, cuando se requiere plantear proyectos públicos, procesar aspectos de una misma memoria o marcar los tiempos de la historia compartida, todos requisitos para renovar las razones del pacto social, en el corto planteado por la pregunta de trasfondo ¿somos pareja? y para nuestro análisis ¿somos nación?
Se torna necesario entonces apuntalar la articulación entre las identidades a través de figuras que ayuden a imaginar el conjunto y sustenten la construcción de lo público sin menoscabo de la diversidad.
Entonces las narrativas de reconstrucción histórica pueden rechazar los mitos de transformación social repetitiva. La memoria comunitaria puede otorgar sus significados a los signos, puede negociar la recurrencia de la imagen del pasado y a la vez mantener abierta la cuestión del futuro. La importancia de esa mirada hacia el pasado estriba en su aptitud para reinscribirlo, reactivarlo, resituarlo, resignificarlo.
Más importante, compromete nuestra comprensión del pasado y nuestra reinterpretación del futuro con una ética de la “supervivencia” que nos permita abrirnos paso a través del presente. Y ese abrirse paso, esa elaboración, nos libera del determinismo de la repetición de la inevitabilidad histórica sin una diferencia. (Bhabha, 2003: 106, destacados en el original)
Podríamos afirmar que si los sujetos de la pareja se hubieran puesto de acuerdo con respecto a darse la mano, la discusión habría tomado un giro o cambiado sus términos y la historia entonces no se repetiría. Por ejemplo el acuerdo podría haber sido una cuadra caminar de la mano y otra no, o caminar abrazados, u otras alternativas que tengan en cuenta la particularidad de los miembros de la pareja. Considerar las particularidades de los sujetos sociales en los conflictos no implica que se llegue a un acuerdo y que este satisfaga a todos, pero a lo mejor se puede aspirar a sociedades más justas.

CONCLUSIÓN
El corto Una vez más trabaja con la metáfora de la discusión de la pareja, debates muy profundos como la conformación de la identidad nacional, la construcción de la historia compartida, los diálogos en un presente conflictivo por lo diverso, y un proyecto probable de nación. Se reconoce que sin memoria y diálogo no hay acuerdo y no se crece. Los cuestionamientos que genera el corto resultan ricos para abrir la discusión sobre la nación, su pasado, presente y futuro, la construcción de la identidad de los actores sociales, la diversidad y articulación de sus intereses.
También el corto analizado plantea la cuestión sobre la importancia del diálogo y el acuerdo que, llevado al plano político, son imprescindibles para proyectar el futuro desde los intersticios. Y es desde los intersticios desde donde las identidades y los intereses contenciosos y desiguales pueden plantearse y cuestionar el poder de lo social que se presenta como comunidad homogénea y consensuada.

BIBLIOGRAFÍA
-Bhabha, Homi (2003). “El entre-medio de la cultura”. En: Cuestiones de identidad cultural. Hall Stuart y du Gay Paul (comps.) Amorrortu editores. Bs. As. Págs. 94 a 106. El lugar de la cultura. 2002. Bs.As. Manantial.
-Escobar, Ticio. (2009) “Más allá de las identidades”. En revista Coloquios Internacionales. Santiago de Chile. Págs. 205-220.
-Eggers-Brass, Teresa. (2002) Historia Argentina Contemporánea. Buenos Aires. Editorial Maipue.

MATERIAL AUDIOVISUAL
– Taretto, Gustavo. (2010). “Una vez más”. 25 miradas/200 minutosLos cortos del Bicentenario. Buenos Aires. Secretaría de Cultura de la Nación y Universidad Nacional de Tres de Febrero, DVD 3/3, duración: 8 minuto, 46 segundos.
FICHA TÉCNICA
Elenco: Julieta Zybelberg (ella) y Felipe Vil (él).
Guión y dirección: Gustavo Taretto.
Productores: Pasto / Rizoma.
Producción ejecutiva: Barbara Francisco / Fernando Brom.
Productor delegado: Hernán Musaluppi.
Fotografia y cámara: Leandro Martinez.
Composición y efectos visuales: Mariano Santilli.
Directores de arte: Luciana Quartaruolo / Romeo Fasce.
Vestuario: Greta Ure.
Sonido: Martin Grignaschi.
Asistente de dirección: Ana Garcia Blaya.
Jefe de producción: Francisco Larralde.

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